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¿Estoy comiendo bien?¿Por qué como de esta manera?

Por Laura Castellano Genovés, Psicóloga y redactora colaboradora de Terapiaencasa.es

En cada cosa que hacemos, se refleja cómo estamos, cómo nos sentimos y sin duda, la manera en la que comemos, es una forma muy frecuente de expresión de nuestras emociones.

Hay algo que se conoce como “Ingesta emocional” la cual nos habla que existe un componente emocional que puede influir en nuestra forma de alimentarnos, rutina alimenticia y en el tipo de comida que ingerimos. Esto significa que en ocasiones podemos estar comiendo de manera inadecuada, en proporciones y tipos de alimentos que se encuentran lejos de ser saludables, debido a un malestar emocional o sencillamente un desequilibrio.

Quisiera hacer una acotación en cuanto al desequilibrio emocional: no se trata de catalogar a las emociones como buenas o malas, todas las emociones tienen su función y nos ofrece información tanto del medio como de nosotros mismos. Ahora bien, cuando hay un desequilibrio emocional, hablamos de que puede ser tanto por emociones que se entienden como “positivas” por el hecho de que generan placer, y por emociones contrarias, las que se conocen “Negativas” porque nos generan displacer, se trata entonces de que la presentación de esa emoción supera los límites que hacen posibles la estabilidad emocional, por tanto, nos encontramos con picos muy pronunciados de placer o displacer.

En este sentido, podemos tener de igual manera una ingesta emocional tanto si nos encontramos muy, muy felices, como si nos encontramos tristes, decepcionados o irritables.

Foto de Jack Sparrow en Pexels

Es importante observar y lograr discriminar frente a que situaciones se nos dispara la ingesta emocional, si este comportamiento es constante o si es situacional, si nos puede ocurrir por temporadas o más bien me he habituado a comer de esta manera.

Lo peligroso de esta ingesta emocional es que nuestra mente y organismo aprende que, en momentos de tensión, por ejemplo, encontramos la calma cuando comemos, y esta es una manera muy poco saludable y desadaptativa de buscar relajarnos, y tener el control de la situación.

La ingesta emocional, se da mucho más frecuentemente de lo que pensamos, en parte, la cultura es un factor que influye en la manera de comer y te contaré por qué.

Desde el inicio de nuestra cultura – y de muchas otras -, la comida ha representado algo muy valioso, alrededor de la comida se llevan a cabo reuniones familiares, de seres queridos, negocios, etc. Es decir, la comida es un factor que esta muy frecuentemente involucrado en nuestra rutina más allá del hecho de comer como necesidad primaria para subsistir.

Este factor cultural claramente interviene en nuestra manera de comer, las cantidades y el tipo de comida.

Te pondré algunos ejemplos:

Foto de Andres Ayrton en Pexels

¿Has pensado en por qué lo hacemos?

Aunque sabemos que ese tipo de alimentos, no son adecuados para nuestra salud (más allá de por seguir una dieta especial o sencillamente por vernos bien) y sobre todo si los ingerimos en exceso, parece que es algo que deja de ser importante y solo valoramos y pensamos en cuánto deseamos e incluso “necesitamos” de ese alimento, añadiéndole el hecho de necesitarlo en ese momento en concreto y que por supuesto no podemos esperar ni tampoco postergarlo.

Esto responde a ciertas sustancias que se activan en el cerebro cuando comemos cosas que nos gustan, de la misma manera que con sustancias tóxicas o con cualquier conducta adictiva, la comida también es capaz de activar el circuito del placer, el cual segrega grandes cantidades de dopamina. Favoreciendo el aumento de nuestro bienestar.

Pero realmente, esta sensación de bienestar o placer es momentáneo, es decir, esta sensación de satisfacción, acompañada de pensamientos positivos que lo refuerzan, dura un tiempo muy corto, y como cualquier adicción, esta subida satisfactoria entra en declive, y puede hacernos “necesitarlo” pasado un tiempo.

Aunque no parezca tan grave, esta conducta puede conllevar a desarrollar trastornos alimenticios como lo es la bulimia y el trastorno por atracón.

Si quieres conocer más acerca los trastornos alimenticios, te invito a leer mi artículo al respecto en este blog “¿Qué hay detrás de los trastornos alimenticios?”.

No quisiera dejar de añadir que en general la ingesta emocional, como hemos dicho, está motivada por un desequilibrio de tipo emocional y que puede verse iniciado por eventos internos y externos, como lo es enfrentarnos a situaciones difíciles, conflictos con otras personas, escasas habilidades comunicativas, autocastigo, sentimientos de culpa al igual que los anteriormente mencionados, sensación de vacío y por supuesto, buscar compensar una falta afectiva.

Hay personas que encuentran en la comida un refugio, ese espacio seguro donde poder sentirse bien y lo convierten en su zona de confort.

Es importante destacar que, como cualquier otro exceso, la comida también hace daño y que debemos preguntarnos por qué lo hacemos, cual es nuestra motivación particular, y por qué buscamos hacernos daño con la comida, pregúntate ¿qué quiero conseguir comiendo de esa manera?, ¿qué me falta que lo quiero cubrir con la comida? ¿qué no puedo decir que necesito enterrarlo debajo de tanta comida?

¿Cómo saber si estoy manteniendo una ingesta emocional?

Hay muchas señales que nos hacemos a nosotros mismos, y sabemos, pero que es difícil darse cuenta y asumirlo. Es mucho más sencillo y menos doloroso si pensamos que no es un problema, sin embargo, no por eso dejará de serlo ni lograremos resolverlo.

El primer paso para darnos cuenta de que estamos teniendo una ingesta emocional es percibir si teniendo cambios anímicos cambia también nuestra alimentación, manera de comer, alimentos que ingerimos, cantidad y frecuencia.

Aunque parezca algo evidente, no siempre es tan fácil de responder a eso, con lo cual, bríndate un espacio de tiempo donde puedas valorar como es tu comportamiento alimentario diariamente y cuando te suceden cosas.

Una vez que consigas esto podrías identificar que tipo de alimento comes cuando sientes determinada emoción, frecuencia con la que la ingieres, cantidad, velocidad, etc.

Es probable que detectar todo esto, sea un trabajo muy difícil, sobre todo el darte cuenta de cuanto tiempo llevas haciéndolo, así que, si te sientes identificado/a con este artículo, si crees que tu ingesta puede estar siendo más emocional, comunícate con nosotros a través del correo de info@terapiaencasa.es o dale a contacto (recuerda la primera sesión es gratuita) y empecemos a trabajar en ello.

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Si quieres leer más artículos de nuestro blog. Te recomendamos los artículos «¿Por qué los psicólogos elegimos ser psicólogos?» y «¿Tengo un tic u otra cosa?».

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Fotos cedidas gratuitamente por pexels:

Foto de Jack Sparrow en Pexels

Foto de Andres Ayrton en Pexels

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