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Las etiquetas en psicología (o cómo buscamos dar nombre a todo lo que nos ocurre)

Por Laura Castellano Genovés, Psicóloga y redactora colaboradora de Terapiaencasa.es

Las personas necesitamos ponerles nombre a las cosas, a los eventos y experiencias que vivimos, es decir, llamarles de alguna forma. Con esto logramos convertirlas en elementos accesibles cognitivamente hablando ya que es a partir de este momento en que podemos procesar la información, codificarla, almacenarla y recuperarla, permitiéndonos conocerlas, entenderlas y aprender de ellas.

Asignarles un nombre a las cosas es nuestro primer paso para acercarnos, entender, conectar e involucrarnos con ello, básicamente porque como lo han afirmado muchísimos autores a lo largo de la historia en el estudio del comportamiento humano, aprendemos de algo en la medida en que podemos referirnos a eso, en la medida en que podemos asignarle una palabra o un gesto que lo identifique y defina. El aprendizaje, por tanto, inicia en el lenguaje (verbal y no verbal) y a partir de cómo nos comunicamos.

En general, las etiquetas nos sirven para categorizar y darle un valor a los elementos y situaciones.

Cuando hablamos de lo que significan las etiquetas o de cómo son usadas en psicología clínica, nos referimos a las formas conceptuales en que se categorizan y diferencian las personas. Hacemos referencias a sus características, perfiles y, por ende, nos permite saber cómo debemos actuar, que pasos debemos dar y/o cuál sería el mejor plan de tratamiento para esa persona.

Cada persona es diferente y única, sin embargo, los seres humanos como especie solemos comportarnos de determinada manera, tenemos las mismas necesidades básicas, nuestro cerebro funciona de la misma manera en todas las personas, coincidimos a nivel emocional, tenemos los mismos procesos cognitivos, etc. – aunque esto parezca muy generalizado y simple, no lo es-.

Foto de Brett Jordan en Pexels

Sin embargo, tenemos diferencias, frente a una situación hay personas que se pueden comportar de una manera y otras, de manera diferente. Es por eso por lo que se crean categorías, las cuales permiten agrupar en perfiles las características más específicas y definitorias de cada uno, basándose principalmente en cómo nos comportamos. Esta distinción entre unos y otros se realiza por medio de las etiquetas.

Por tanto, las etiquetas nos permiten agrupar y hacer categorías de los perfiles psicológicos, lo que, a su vez, nos ayuda a entender la problemática que puede presentar la persona que acude a nosotros.

Es por ello por lo que es tan importante un uso adecuado de las etiquetas, entendiéndolo como nombres de grupos y no de definiciones de sus integrantes y por supuesto, centrar su uso dentro del ámbito clínico.

Otro aspecto muy relevante en cuanto al uso de las etiquetas en psicología es el correspondiente al valor que se le añade a la misma, siendo éste diferente al valor que se le suele otorgar fuera del ámbito de la salud mental.

Aunque las personas solemos valorar de muchas maneras un asunto, este valor mayormente gira alrededor de una dicotomía y es la referente a lo bueno y lo malo, las cosas pueden ser buenas, malas, muy buenas, muy malas, etc. sin embargo cuando hablamos de las etiquetas en psicología no ubicamos ese valor, sino que lo podemos definir en función a lo adaptativa o desadaptativa que pueda ser una conducta en determinada situación, por ejemplo. Por tanto, en la valoración que se le añade no interviene el juicio moral de categorizar algo como bueno o malo, sino en función de las consecuencias que dicha conducta tendrá para la persona que la emite y su contexto.

Esto último, es muy importante resaltarlo, dado que la función de las etiquetas en psicología es netamente categorial, no define a la persona de quien nos referimos. Por tanto, es tan importante explicar esto a la hora de exponer un diagnóstico a nuestro paciente.

¿Qué ocurre cuando no se usan las etiquetas de manera adecuada?

Cuando le trasmitimos la información pertinente sobre su problemática a la persona que acude a nosotros, y no hacemos una explicación exhaustiva de lo que significa lo que estamos diciendo, las persona puede llegar a sentir que esa etiqueta es parte de ella, incluso que la define, cuando claramente no es así. Las etiquetas no definen a las personas.

Partiendo de esto, muchas personas pueden hacer un mal uso de las etiquetas y tergiversar su función, empleándolas de manera inadecuada para definirse a sí mismas o a otros, volviéndose una forma de hablar cotidiana y habitual. Para aclararlo pueden servir muchos ejemplos, con lo cual comentaré algunos:

No es lo mismo decir… “Eres discapacitado” que “eres una persona con una discapacidad”; del mismo modo, “Soy depresivo/a” a “Soy una persona con depresión” o “Tengo tendencia a sentirme deprimido/a”.Es autista” en vez de “es una persona con autismo” o “Es bipolar” en lugar de “tiene trastorno bipolar de la personalidad”.

Observemos que en cada caso incorporamos el “Ser” y el condicionante que en este caso se trata de la etiqueta referida al problema. Aunque la intensión no sea justo esa, cuando hablamos de esta manera, convertimos a la persona dicho problema.

Reflexionemos por un momento si nos referimos del mismo modo a personas (o a nosotros mismos) con otro tipo de patologías o enfermedades, ¿solemos decir que esta persona es “Colesterolémico” o que tiene problemas con el colesterol? Funciona de la misma manera cuando hablamos de algún problema gástrico, ¿la persona es o tiene gastroenteritis? ¿Cómo te referirías a alguien con cataratas? O alguien con cáncer.

¿Te das cuenta de que incluso cuando nos referimos a este tipo de patologías, no encontramos la palabra que se ajuste y sirva para convertir esa patología en definición de la persona? Y que sencillamente decimos que la persona tiene un problema del tipo que sea.

Esto no funciona de la misma manera cuando hablamos del área mental o comportamental, parece que el hecho de presentar alguna psicopatología, pasamos a convertirnos en ella.

Foto de EVG Culture en Pexels

Las personas no son el problema, tienen problemas

Nuevamente, las etiquetas no sirven para definir a las personas, recordemos que sirven para definir los problemas, no a quien lo tiene. Por tanto, las personas no dejan de ser ellas mismas por presentar o no una patología independientemente de la índole.

Si te has encontrado en una situación similar, donde las etiquetas han estado muy presentes en tu vida, que tener una patología se ha convertido en lo que eres o que te has dado cuenta de que utilizas las etiquetas de manera inadecuada… En Terapiaencasa.es encontrarás la ayuda que necesitas para corregir estos aspectos. No esperes y contacta con nosotros a través de info@terapiaencasa.es o dale a contacto (recuerda la primera sesión es gratuita).¡Empecemos a trabajar en ello hoy!

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Foto de Brett Jordan en Pexels

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